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miércoles, 13 de abril de 2022

Lobo y Lulú (rescatado)

 .... poco importa lo que pasó antes, como poco importa lo que pase después...

Fragmento rescatado de una colaboración con @netbookk hace ya muchos años: el polvo salvaje que él necesitaba para su relato y que yo escribí para sus personajes. 

A Lobo le brillaban los ojos. El whisky, la pastilla y las maniobras de seducción de Lulú iban surtiendo efecto y reía desenfadado las tonterías que decía Lulú. Era el momento de sacar el armamento pesado. Despacio, casi a cámara lenta, Lulú se levantó. Rodeó la mesa deslizando suavemente la yema del dedo por el borde del vaso, bailando los pocos hielos que quedaban al compás de sus caderas. Se sentó en el trozo de mesa sobre el que se apoyaba Lobo, obligado a pegarse al respaldo de la silla para que ella pasara, encaramándose sensualmente a la mesa.

-Lobo…- dijo Lulú en apenas un susurro, mientras se quitaba lentamente el zapato de tacón, dejando ver, durante la maniobra, el encaje de sus medias sujetas por un delicado liguero negro.

Lobo bufó.

-Lobo… - repitió Lulú, apoyando el pie, enfundado en la suave seda, sobre el muslo de Lobo y ascendiendo lentamente hacia su entrepierna.

Lobo no quitaba ojo a esas uñas rojas, que, bajo la trasparencia negra de la media, subían como pequeñas diablesas en dirección a su paquete.

-¿Sabes, Lobito?-Continuó Lulú, alzando la falda del vestido, un poco, solo un poco, lo suficiente para alcanzar la cinta del liguero y soltarla con maestría. – No sabes lo cansado que es llevar estos zapatos taaan altos….

El pie rodeo la entrepierna de Lobo, evitándola adrede y escalando por su vientre hasta apoyarlo en su pecho. Lobo, desde su perspectiva distinguía apenas una tentadora oscuridad bajo la falda que le tentaba sin dejarse ver. Siguió con la mirada las manos de lulú que, ceremoniosamente, iban enrollando la media, descubriendo la sedosa y blanca piel, hasta descubrir los sonrosados deditos con su perversa pedicura roja. Lobo deslizaba su mirada a lo largo de esa pierna deseoso de tomarla en sus manos. Lulú alzó el otro pie, aún calzado, robre la rodilla de lobo, clavándole el tacón. Lobo ni se percató, hipnotizado por el encaje recién descubierto entre los muslos de Lulú.

-Lobo- ronroneó Lulú- Seguro que esas fuertes manos saben dar masajes. ¿Mimarías un poco mis cansaditos pies?

Lobo no tardó en obedecer, y tomó ese piececillo entre sus manos, comenzado a acariciarlo y masajearlo. Lulú gimió. Sus pies eran su debilidad y una de las pocas partes de su cuerpo que no tocaba cualquiera. La respuesta de lulú le animó y se lo llevó a la boca, comenzando a lamer y chupar uno a uno los deditos regordetes de Lulú, mordisqueando levemente las mollitas de todos ellos.

Lulú dejó escapar un jadeo y se descalzó el otro pie, el cual fue mucho más intrépido que su compañero y se situó directamente sobre el paquete, bastante marcado, de Lobo, comenzando a masajear al ritmo de los chupetones de Lobo, todo el duro tronco de la polla de éste.

Con una mano, Lobo de desabrochó el pantalón y de un tirón los pantalones cayeron al suelo. La seda acarició la delicada piel de su polla, arañándole un poco, pero los movimientos expertos de Lulú sobre su polla no le dejaron pensar en ello mucho rato. Miró a la mujer. Lulú se había recostado sobre la mesa y su vestido casi se le enrollaba en la cintura. Gemía suavemente con los ojos cerrados y la cabeza inclinada. Disfrutando. El diminuto triangulo de su tanga mostraba casi más que ocultaba la excitación de la mujer. De un movimiento rápido tiró de las piernas de lulú, colocándolas sobre sus hombros y tirando a la vez de esta, colocando al alcance de su boca el manjar que estaba deseoso de probar. Hundió su boca entre las piernas de Lulú, separando telas y sedas para facilitar los ataques de su lengua. Los gemidos de Lulú se convirtieron en pequeños grititos al sentir un par de dedos de lobo invadirla sin aviso. Sería un animal derrotado, pero sabía dar placer a una mujer. Un espasmo y el cuerpo arqueado de Lulú, informaron a Lobo de que había logrado su objetivo una primera vez. Sin darle tiempo a recuperarse, la giró sobre la mesa y sin preámbulo alguno la penetró. Se quedó quieto unos instantes dejando a Lulú amoldarse a su miembro, ciertamente mayor que el de la media. Instantes que aprovechó para despojarla del vestido y agarrar sus tetas. Masajeándolas con ansia y con cierta rudeza. Pellizcó los pezones con fuerza y Lulú quiso quejarse, pero Lobo tapó su boca con su manaza, introduciendo el pulgar dentro casi hasta la garganta, robándole el aire y tirando de ella hacia él. Lulú giró la cabeza y miró a Lobo, casi se asustó, parecía un animal más que un hombre. Lobo comenzó a bombear el coño de Lulú. Con fuerza. Con una mano la sujetó del pelo, tirando en cada embestida. El dedo abandonó la boca de Lulú, quién, con lágrimas en los ojos, respiró de nuevo. La manaza le azotó el culo; una, dos, tres veces. Y luego Lobo paró un instante, acariciando la zona enrojecida con algo parecido a delicadeza. Pero duró poco. El pulgar humedecido se colocó a la entrada de estrecho ano de la mujer que miró a lobo con los ojos muy abiertos. Lobo la miró y sonrió maliciosamente, insertándole la falange entera de un golpe. Lulú gimió de dolor, pero Lobo comenzó a alternar sus embistes en su coño con los de su dedo en su ano y el dolor dio paso a una extraña e intensa excitación. Lulú estaba fuera de sí, pero Lobo no era menos. La mano libre la agarró del cuello, con fuerza, aunque sin ser amenazante. Y el bombeo de lobo se intensificó. Lulú comenzó a jadear fuerte. Hilillos de baba le caían por las mejillas, mezclados con el carmín. Pero estaba al borde del paroxismo y nada de eso le importaba. Lobo salía y entraba de ella a una velocidad casi imposible, y ambos estallaron en un orgasmo brutal que les dejó tirados encima de la mesa, resoplando, sudados, acoplados como animales.


1 comentario:

  1. Es curioso como manejas diferentes tipos de sexos. A este, como en la música clasica, le hubiera hecho falta un maravilloso crescendo

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