El día de Natalia en la oficina
está siendo una locura. Desde primera hora de la mañana, las reuniones se
suceden una tras otra, sin darle un respiro. Cada encuentro es un mar de
cifras, gráficos y objetivos a cumplir. Natalia participa, aporta sus ideas,
pero su mente está en otra parte sin llegar muy bien a saber por qué. “No es
vida” piensa mientras se dirige al servicio agotada de cansancio. Apenas acaba
de darse cuenta de las ganas que tiene de orinar. Se mete en uno de los
cubículos y se desabrocha el botón dejando caer al suelo el pantalón y las
maneras. Se sienta completamente despatarrada y se recuesta ligeramente. Cierra
los ojos y respira profundamente varias veces sintiendo como un placentero
relax la invade. Los sentidos se activan y su piel se eriza sintiendo el aire
fresco recorrer su cuerpo semidesnudo. Abre despacio los ojos. Recoge la
camiseta en un nudo dentro de su puño y se observa, abierta. Separa más las
piernas y deja escapar una risa. Se mira el sexo abierto y le gusta. Siempre le
ha gustado su coño. Definitivamente no sabe si la postura es obscena o sexy,
pero en todo caso es excitante, y lo es aún más cuando comienza a dejar fluir
la orina, dorada y caliente. Decide que no tiene prisa y la deja manar muy
despacio, jugando a controlarla mientras la observa y de repente le resulta
tentador, muy tentador ese chorro que surge de sus entrañas. Sin pensarlo,
lleva ahí sus dedos, los sumerge y los empapa y después los dirige a su sexo, primero
los deja quietos y luego comienza a frotar suavemente, dejándose llevar por ese
placer prohibido en horas de trabajo. Cierra los ojos y se abandona a las
sensaciones mientras gime mordiéndose los labios.
La puerta se abre de repente y la
cara que pone Silvia al descubrir a Natalia es un poema. Balbucea una disculpa
y cierra la puerta de nuevo. A ella no le da tiempo a reaccionar. Joder, Silvia,
la directora, la tía más imponente de la oficina, acaba de pillarla medio
masturbándose. ¿Cómo no ha pensado en echar el cerrojo? Y ni siquiera ha
reaccionado a tiempo para taparse o vestirse, se ha quedado simplemente
petrificada. ¡No la ha oído llegar!, El
corazón le palpita desbocado y siente la sangre pulsar en sus oídos. Joder,
Silvia… Se muerde el labio y cae en la cuenta de que no ha escuchado sus pasos alejarse
tras cerrar la puerta. No, no la ha oído… Sigue con las piernas separadas, muy abiertas,
aun sorprendida a la par que expectante y excitada cuando la puerta se abre de
nuevo. Silvia entra rápido cerrando tras de sí y se apoya sujetando el pomo. Ambas
mujeres se quedan mirando. Natalia se siente vulnerable, pero a la vez, prende
una chispa de excitación en su interior. La orden de Silvia resuena en el
cubículo, una orden que Natalia acata sin dudar.
—Sigue, Natalia—le indica con voz
grave.
Natalia la mira sorprendida y
sonrojada tanto por la vergüenza como por la excitación, pero ésta va ganando
la lucha. Sin pronunciar palabra comienza a deslizar de nuevo dos dedos
suavemente por su coño, mirando fijamente a Silvia a los ojos. Pero estos no
devuelven ya la mirada, están clavados en su sexo. Natalia se muerde el labio
al sentirlos clavados en su coño.
—Ahora, orina—. ordena Silvia con
firmeza.
A Natalia le cuesta volver a empezar, pero se
concentra y al final comienza a salir un chorro fino que provoca unas
sensaciones francamente placenteras al abandonar el ahora muy excitado e
hinchado sexo. Los dedos incrementan el ritmo de la masturbación salpicando de
brillantes gotitas transparentes la taza y sus muslos.
Silvia observa a Natalia sin
mover un músculo, con el cuerpo tenso como el de un depredador. La joven se
masturba febrilmente frente a ella a su absoluta merced y eso le provoca una
leve sonrisa triunfal de excitación que se acentúa cuando la observa comenzar a
temblar al borde del orgasmo.
—Para—. dictamina Silvia.
Natalia interrumpe todo
movimiento. El coño le quema, el clítoris palpita, pero ella obedece, para y espera.
Silvia le devuelve la mirada. Sonríe
de manera enigmática.
— Sigue—Hace una pausa—Y ahora
córrete.
Ella retoma el ritmo
frenéticamente. Muerde el nudo de ropa que sostenía su mano para evitar soltar
los gemidos que le rondan en la garganta. Separa más aun las piernas y su
cuerpo se tensa. Comienza a temblar sin control cuando el orgasmo explota en su
sexo, provocando descargas por todo el cuerpo pero su mano no se detiene y
continúa masturbándola como si se moviera con vida propia enganchándola en un
segundo orgasmo más intenso que provoca fuertes chorros que ya no son orina. Cierra
los ojos con fuerza, mientras su cuerpo se retuerce y arquea sin parar de mover
los dedos sobre un clítoris hinchado y dolorido. Un tercer orgasmo la vuelve a
sacudir en espasmos y se muerde la mano con fuerza para evitar gritar el placer
que grita su cuerpo. Se queda agotada y jadeante durante largos segundos en
estado de seminconsciencia. Cuando finalmente abre los ojos, Silvia ya no está.
No la ha escuchado irse. Jadea suavemente recuperando poco a poco una
respiración normal. Inhala profundamente, se incorpora levemente y, cogiendo
papel higiénico, se limpia a conciencia. Aún tiene el sexo muy sensible y el
roce del papel le resulta agradable. Se viste y abandona el baño no sin antes
lavarse las manos.
Volviendo a su sitio piensa que
todo el mundo percibe que toda su piel exuda sexo y culpabilidad y le invade la
vergüenza y la incertidumbre. ¿Y ahora qué? Piensa.
Se sienta en su silla y cierra
unos segundos los ojos mientras imágenes de lo que acaba de ocurrir pasan por
su mente a toda velocidad. Las descarta y decide centrarse en el trabajo para
no pensar. Desbloquea el ordenador, y antes de retomar sus tareas se percata de
un mensaje que parpadea en la mensajería corporativa. Lo abre y es un escueto
mensaje de Silvia, la directora:
— Avísame cuando vuelvas al baño.
(relato retocado y presentado a Concurso Lelo - no seleccionado)
Me gustan mucho los relatos que terminan en... porque se acaba aquí!! Yo quiero más!!
ResponderEliminarNo sabes lo que agradezco comentarios aquí, habitualmente nadie se toma la molestia de dejarlos. Me gusta dejar las posibilidades abiertas y me han gustado las protagonistas, quizá me anime a continuar su historia. Lamento el coitus interruptus... :-)
Eliminar(Soy Korai, no me deja entrar con mi perfil en mi propio blog...)
Que decir, me encanta lo escribe korai, es mi ídola
ResponderEliminarCreo que sé quién eres. Mil gracias, preciosa. Korai.
EliminarExcitante. Cuando necesite volver estará inquieta, se hará preguntas, su imaginación se enredará en ellas… La avisará.
ResponderEliminarYPR
Le va a poder buscar respuestas. Ni ella se esperaba esa reacción suya con una mujer...
EliminarK.
Este relato acaba de tal forma que merece la una segunda parte. Me ha gustado tanto que casi he generado la imagen al completo 😛
ResponderEliminar¡Gracias!. Me estoy planteando seriamente escribir la historia de ambas. Puede ser potente. K.
Eliminaroh que buena idea! seguro que nos encantará viniendo de ti.
EliminarUffff, muy excitante. Deseando leer la segunda parte.
EliminarMe gusta como escribes,!!