Del colegio lo que más me gusta es el patio. Jugamos a las
chapas y a las canicas. Y me encantan las canicas. Tengo una bolsa con un
montón: boloncios, gasolina, galaxia. Me gustan los colores y que son de
cristal. Y como soy muy bueno casi nunca pierdo ninguna y vuelvo a casa con más
de las que he traído. Siempre se las enseño a mamá cuando volvemos juntos; le
gustan tanto como a mí. Y mientras me como el bocadillo, que a veces es de jamón,
otras de chorizo y muy pocas de chocolate, con lo que me gusta el chocolate, le
cuento que han sacado a Juan a la pizarra y no se sabía la lección, que la de
mates no ha puesto deberes y que Mario ha perdido a su perro. Mamá siempre
sonríe y me escucha mientras recorremos el camino a casa, a mamá siempre le
puedo contar todo.
En el jardín de casa también puedo jugar a las canicas,
pero ahí se pierden a veces. Las hierbas son muy altas y las plantas muy
salvajes, es más un bosque que un jardín. Me gusta mucho, pero me gusta más de
día que de noche, porque de noche me da miedo. A mamá no le da nada de miedo.
Dentro de casa no me dejan jugar con cosas que hagan mucho
ruido. Por eso no puedo jugar a
las canicas. Es por los abuelos. Están siempre en su habitación
durmiendo y no puedo molestarles con mis tonterías de niño. Casi nunca les veo.
Solo va mamá a verles.
Si al menos tuviera un perro como Mario, aunque ahora se le
haya perdido. Podría jugar con el perro. Pero a mamá no le gustan los perros.
Siempre que vemos uno lo mira raro y se queda como alerta observándolo. Yo creo
que les tiene miedo.
A mí me gustan los perros, pero no me gusta el jardín de
noche. Por la noche hay perros que lloran en el jardín. No sé por dónde entran.
Lloran y luego se callan. A mamá no se lo he dicho, no quiero que se asuste.
Anoche volvieron a llorar. No salí de casa, pero miré por
la ventana de la escalera. La ventana de la escalera se abre al jardín. Donde
los arboles oscuros lloraba un perro. El gritó lo calló. Todo en el jardín se detuvo
en seco; las hojas, los insectos y los pájaros nocturnos se callaron de golpe y
el silencio se hizo gigante. Todo es grande cuando estás asustado. Una sombra muy
muy alta y muy muy delgada atravesó el jardín y cerré la ventana rápido. Hice
ruido y me asusté más. Decidí buscar a mamá.
Encontré a mamá en medio del pasillo, en camisón y
descalza, con los pies sucios de barro. Bueno, encontré a la cosa vistiendo a mamá.
Porque parecía mamá, pero era más alta y más delgada y tenía la cara muy
estirada como si llevara una máscara. Me dio un beso en la frente, me acarició
la cabeza con unos dedos muy largos y me dijo que era tarde y que me fuera a la
cama.
Hoy he ganado tres canicas. Ha desaparecido el perro de
Carmen. Mamá me ha prometido bocadillo de chocolate para merendar.
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