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domingo, 17 de marzo de 2024

Palíndromo

 (Texto reto del taller de escritura: microrelato de máximo 300 palabras con este tema: Imaginad que el personaje mira, espía, por el ojo de una cerradura, ¿qué es lo que ve?)


Palíndromo


Al cruzar el umbral, el crujido familiar de las viejas tablas le recibió en su antiguo hogar. La casa parecía detenida en el tiempo, abandonada años atrás. Entretanto, sus hijos correteaban por las soleadas calles del pueblo. Abrió una ventana y remolinos de polvo entumecido revolotearon en la cálida luz.  

Cada habitación recorrida era un eco de recuerdos. Pero al llegar a la buhardilla algo en el aire cambió; una sensación palpable de estar siendo observado. Frente a la puerta recordó advertencias de infancia. Un hilillo de luz brotaba del ojo de la cerradura y se arrodilló para mirar. Parpadeó varias veces pues lo que observó fue a un hombre arrodillado mirando por el ojo de una cerradura; de su misma edad, corte de pelo y ropa.  

Con un escalofrío recorriendo su espalda, buscó la llave que abrió la puerta con un gemido, revelando una habitación vacía. Un único espejo en la pared opuesta le sobresaltó al reflejar su imagen y cerró bruscamente. Descendiendo las escaleras, cada paso resonaba distorsionado, como viajando por una densidad diferente. Algo parecía no cuadrar, pero era incapaz de identificarlo.  

Al salir, el sol le cegó y sintió unos deditos deslizarse en su mano. ¡Papá!, gritó su hijo, mira lo que hemos encontrado. Se giró hacia la voz y cuando el niño se volvió, algo en su rostro lo detuvo. Era Carlos y no lo era, una inversión sutil de su sonrisa, un lunar desplazado de mejilla…, se le heló la sangre. Empezaba a comprender. Miró a su alrededor y todo se encontraba en su ubicación exacta, especularmente hablando. Había pasado al otro lado. 

—Tú no eres Carlos. 

La sonrisa se desvaneció y los ojos de niño oscurecieron. 

—No—respondió en voz baja—pero hagamos como que ni tú ni yo nos hemos dado cuenta. 

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