La hembra se aferra con fuerza al pelaje del macho, olisqueando su sudor, aún mezclado con perfume. Sensaciones contradictorias recorren su cuerpo al contacto con los músculos pétreos y calientes: la adrenalina del encuentro, el despertar del amor o quizás solo del deseo, junto con el miedo y la incertidumbre. Siente cómo la conciencia la abandona y un instinto primario toma su lugar. Y ya no le importa. Después de años de sufrimiento, tal vez ahora pueda vivir. Incluso así.
El salón de baile enmudece a su entrada, la seda se desliza por su piel y la envuelve en un sueño. Todas las miradas se clavan en ella, pero es el príncipe quien, deslumbrado, se acerca y le tiende la mano invitándola a bailar.
La noche pasa en un suspiro y sus abrazos nunca se separan; giran y giran por el salón, olvidando a los invitados e incluso la música. Los ojos imantados y la piel sellada, unidos por el destino o por un gran secreto. La primera campanada les sorprende. ‘Clang’, y ella tiembla, pierde un poco la compostura y tropieza, dejando escapar un leve gritito que tapa con su mano. La esconde de inmediato. El vello ha comenzado a crecer, cubriendo su antes blanca y perfecta piel. A cada campanada, los murmullos crecen y la transformación continúa; sus movimientos se vuelven torpes, sus gestos, extraños. El príncipe, incrédulo, suelta la mano de su compañera y se aparta, observándola intensamente. La dama se encoge en su vestido y tiembla, presa del terror y la vergüenza. Las risas y murmullos llenan la sala, convirtiéndose en sonoras carcajadas cuando una confundida primate trata de recomponerse en un sedoso vestido ya demasiado grande.
Con la última campanada, la desdichada mona cubre su rostro entre sollozos, cuando un potente aullido resuena en la sala; un gran lobo negro se yergue sobre la ropa del príncipe, ahora inerte en el suelo. Sin mediar palabra, gruñido o chillido, la mona se monta sobre el lobo y huyen hasta dejar de escuchar los gritos de confusión procedentes del palacio.
Desde esa noche, nadie osará jamás pisar el bosque, donde varios pares de ojos negros acechan y gruñidos feroces de placer invaden cada luna, robando el sueño de los aldeanos.
sábado, 15 de junio de 2024
El secreto de Cenicienta
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