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martes, 12 de enero de 2021

El Rata - Capítulo 2 -

Carla, asustada y pillada en falta se separa bruscamente de David. La falda cae de nuevo a su sitio ocultando el trasero que unos momentos antes deleitaba al salido profesor.

—Estoy pensando que…, — se ríe el Rata, entre hipidos roncos y  regocijándose en la genial idea que se le acaba de ocurrir—que quizás.., quizá haya una posibilidad de que les apruebe— sentencia el Rata mientras se sienta de nuevo en su sillón, bamboleando sus carnes al hacerlo— Sigan, sigan con lo que estaban haciendo, no se corten.. Si me gusta el espectáculo me pensaré lo del suspenso.

—¡Ni lo sueñes, cerdo!—le grita Carla.

—A ver si le calla la boca a la zorrita, Sr. Rupérez, esos no son modos de hablar al profesorado, je, je, je….— se regodea el Rata apoltronándose bien. 

—No la llame así, o…—amenaza David fulminando al profesor con la mirada. 

—O… o qué— responde desafiante el Rata—. Mire señor Rupérez, creo que está usted en una posición sin posibilidad de negociar. Sé perfectamente la situación de su familia, sé que si le suspendo perderá la beca y de nada le va a servir trabajar como un burro en la panadería de su padre para sacar la carrera de medicina. Le tengo en mis manos, señor Rupérez, le guste o no. Y en cuanto a la señorita Campos…, tres cuartos de los mismo, creo que a su afamadísimo y “eminente cardiólogo” padre no le gustará saber que su niñita ha suspendido el examen de electros por estar zorreando con el guapo de la clase, ¿verdad?—sonríe ampliamente con aires de saberse ganador.

—¿Es eso cierto? ¿Pierdes la beca? —susurra Carla.

—Sí, pero no importa, no voy a dejar que un gilipollas se aproveche de ello—, la tranquiliza David.

—Alto ahí, guapito de cara. No te embales.—interrumpe el salido profesor—. La niña está buena, aunque vista de monja. Y a mí me gusta mirar. Haced lo que yo os diga, lo disfrutáis, luego os vais bien aprobados los dos, y aquí no ha pasado nada. 

El Rata sonríe de nuevo, satisfecho del poder que tiene en esos momentos sobre los alumnos.

— Venga señor Rupérez, quítele esa falda espantosa a la chiquilla.—ordena. 

—Ni lo sueñe, depravado—. Los ojos de David brillan rojos de ira.

—David, no voy a dejar que pierdas la beca. No.., no sabía que faltabas a clase por trabajar.—Carla le obliga a mirarle a los ojos—. Quítame la falda, David.

—Pero…—replica David.

—Hazlo, estás aquí por mi culpa. Sólo…—Carla traga saliva, asustada—, hagas lo que hagas…, no me hagas daño, por favor.

—Yo.., no Carla, yo nunca te haría nada.—David toma las manos de Carla— ¿Estás segura?

—Sí, haz lo que tengas que hacer—musita, resignada, Carla.

—Déjense ya de mariconadas que quiero volver a ver ese culo, ¡joder!—chilla el Rata, visiblemente alterado. Seguramente hace años que no ha tenido un culo tan turgente a tan corta distancia, si es que alguna vez ha tenido alguno a su alcance. 

David acaricia con ternura el rostro de Carla y se arrodilla frente a ella quien levanta lentamente la falda y la recoge a la cintura. David se encuentra de cara con una braguita sencilla de algodón. 

—A ver, señor Rupérez,  haga gala de su fama, por Dios, - increpa, excitado, el salido profesor —, continúe, vamos, bájele las bragas a esta zorrita y descríbame bien su coño.

David baja lentamente las bragas liberando el sexo de Carla que se estremece al sentirlo al aire. Al retirarlas por los pies, ella separa las piernas y él observa un sexo apenas cubierto por una suave línea de vello rubio.

—Separa bien las piernas, zorrita, que desde aquí no te veo el coño—increpa impaciente el Rata—. Señor Rupérez, describa, describa. Con pelos y señales, ¡y nunca mejor dicho! Ja,ja ja,— carcajea el Rata ante su propia ocurrencia.

Carla obedece. Separa las piernas ofreciendo la espléndida visión de su rajita a los ojos de David, que agachado contempla el espectáculo. 

—Pues…—comienza David, tragando saliva—. Es rubio, con poquito vello, la zona del pubis está cubierta por un triangulito de pelo, pero los labios de…, de la vagina apenas tienen nada.

—Pero, ¿está mojadita o no?.—pregunta el profesor, impaciente.

—Ehh, —David carraspea—sí, parece que sí…

—¿Cómo que “parece”?. Compruébelo, hombre, toque, huela, sobe…, ¡venga!, sea imaginativo, ¡coño! —Le increpa el Rata acariciándose por encima del pantalón un inicio de erección, parcialmente tapado por su voluminoso vientre.

David comienza un lento ascenso con sus manos por el interior de los muslos de Carla erizando la piel de la chica. Al llegar casi a la altura de su sexo ella deja escapar un suspiro y él la mira a los ojos. A pesar de la situación, ambos están excitados y ella, con un suave movimiento de cabeza, le autoriza a continuar mientras se muerde el labio. David posa un par de dedos en el pubis de la chica y los enreda entre los suaves rizos, tirando levemente de ellos. Desliza el pulgar por la abultada hendidura del coño de Carla que gime levemente. Acerca su rostro y aspira el aroma a mujer excitada.

—Uf, sí, sí, cómaselo, Sr. Rupérez—gime el Rata ya con la bragueta abierta.

David da un rápido lengüetazo seguido de otro y otro más. Uno de sus pulgares se aventura un poco en la hendidura acariciando la entrada de la húmeda gruta en lentos círculos. Carla gime quedamente, intentando mantener la compostura y el equilibrio, pero visiblemente excitada. Los lametones de David se centran en el prominente bultito del coño de Carla alternados con pequeños chupetones, mientras el dedo intruso se introduce suavemente dentro de Carla.  Los gemidos de la chica ya son claramente audibles y se tiene que agarrar a la cabeza de David para no perder el equilibrio. David intensifica los lametones, sujetándola firmemente de los muslos en incrementa el ritmo de los (ahora son dos) dedos folladores. Cuando ella está a punto de correrse el Rata les interrumpe.

—Me gusta, me gusta, pero no logro ver nada más que a esa zorrita gimiendo y eso no me divierte. Veamos, señorita Campos, sea usted agradecida y ahora cómale usted la polla al señor Rupérez.

Carla palidece. Nunca en su vida ha hecho algo semejante y siempre le ha parecido asqueroso. David se incorpora, y con los labios aún brillantes de fluidos de la chica, la besa suavemente en la boca. Sonríe casi divertido.

—Vaya, te toca.—dice con tono burlón. 

Carla se arrodilla. Desata el cinturón y el pantalón de David. No se atreve a mirarle. Muerta de vergüenza le baja el bóxer a la vez que los pantalones, dejando al aire una polla de un tamaño más que agradable y de buen grosor que bota al verse liberada. Hinchada y brillante de excitación. Solo por y para Carla. Sin saber muy bien que hacer, ella la coge con dos dedos muy delicadamente.

—¡Cójala con más brío, puñeta, que no se rompe, y menéela, joder!—increpa el Rata.

Carla obedece y agarra el tronco con toda la mano. Está caliente, duro y suave. Le gusta más de lo que pensaba. David ahoga un gemido que se escapa un segundo después cuando la chica comienza un vaivén adelante y atrás, atrás adelante con su mano. La boca de Carla queda a pocos centímetros del glande pero ella no acababa de decidirse a metérsela en la boca. Mira a David, nerviosa e indecisa. Él le devuelve la mirada- parece un cervatillo asustado, con los ojos muy abiertos implorando ayuda. Le acaricia la mejilla y desliza el pulgar sobre sus labios, obligándola suavemente a separarlos. 

—Abre la boca y saca un poco la lengua—pide David. Y ella obedece, cerrando los ojos y ofreciéndose.

—Joder—murmura David para sí, mientras acerca la polla hasta rozar los labios con el glande. Carla lame muy tímidamente y David tiene que hacer un esfuerzo sobrehumano por no sujetarla de la cabeza y empujar hasta el fondo. Le recorre un escalofrío mientras trata de mantenerse cuerdo.

—Joder—repite—haz…, hazlo tú Carla…

Ella abre los ojos y le mira, traga saliva y se introduce el duro miembro de David en la boca. Entero no, por supuesto, pero sí un buen trozo que le provoca un amago de arcada. Asustada, se queda quieta con el trozo de carne palpitante en su boca.

—Carla, preciosa, con eso no basta. Cierra los labios, lame, chupa…, déjate llevar y sabrás hacerlo. Yo te guío—. David la mira desde arriba, con los ojos vidriosos. —Mira, así…

La chica es tremendamente inexperta y eso le excita aún más. La sujeta suavemente de la cabeza y comienza a guiar un lento mete-saca en su boca. Carla cierra los ojos e intenta seguir el ritmo que David le impone. Comienza a mover la legua dentro de la boca, despacio, acariciando el glande y el tronco de la polla de David. Imagina los helados que toma en verano y cuando David realiza un movimiento de retirada, ella sorbe para no dejarle ir. Los gemidos en aumento de David atestiguan que no lo hace mal del todo y, lejos de avergonzarse, la llena de orgullo. Al fin y al cabo, le está haciendo una buena mamada al chico que, probablemente, más mamadas había recibido de toda la facultad.

—Uf, Carlita, qué rápido aprendes, qué bien lo haces…—masculla David entrecortadamente. 

El Rata disfruta de lo lindo. Rojo como un tomate, se deleita ante la visión de los dos jóvenes. Se menea la blandengue polla con fuerza  y resopla. La mamada de Carla le ha recordado que hace muchos años que no se la maman a él. Y le acaba de parecer mucho tiempo, demasiado. Y decide que eso va a acabar en ese mismo momento. Gracias a Carla.

—Señorita Campos. Me parece que me la va a comer a mí ahora. Eso se lo pagaré con mejor nota, no lo dude. Venga, acérquese.

Carla palidece e interrumpe la felación. No. No puede ser. A David, bueno…, el chico le mola, es simpático, guapo…, de su edad. Pero.., ¿ese viejo asqueroso?. Se siente incapaz. 

Carla mira a David con los ojos llorosos, pidiéndole ayuda.

David parece titubear. Se aparta ligeramente de Carla ayudándola a incorporarse, tal es el estado de shock de la muchacha. Se abrocha de nuevo los pantalones. Mira a Carla y la abraza. Gruesos lagrimones caen por su rostro, pero aun así está guapa. Medio desnuda de cintura para abajo, y con la blusa cerrada hasta el cuello. Muy guapa. Y muy indefensa.

—Profesor—comienza David- Quizá esa no sea una buena idea.

—¿Cómo que no, señor Rupérez?, aquí el que decide si las ideas son buenas o no soy yo. Yo mando aquí, guaperas, y la zorrita me la va a comer aunque no quiera.—El Rata se medio incorpora en el sillón, tratando inútilmente de liberar su triste polla ahogada bajo la enorme masa bamboleante de su vientre. — Adelante señorita Campos, acérquese. Si quiere ese aprobado, venga aquí y cómame la polla bien comida, y esmérese que en ello le va la nota. —Una risotada finaliza la frase. 

—No, Don Rodrigo, eso no- murmura Carla, temblando.

—Más vale que obedezca, o si no iré a hablar personalmente con su padre para contarle sus aficiones en lugar del estudio. A ver si hace honor a su fama de empollona y se esmera con una mamada de matrícula.—Remata con un obsceno gesto imitando dicho acto.

—No me ha entendido, profesor. -Interrumpe David dejando de lado a Carla y avanzando un par de pasos decididos hacía el profesor— Quiero decir…—hace una pausa y continúa hablando, bajando la voz en un tono confidente— que, hay mejores ideas, ¿sabe?. La niña está buena, y la chupa muy bien, se lo aseguro. Una mamada suya es una delicia.

—Sí, sí, sigue-  babea el Rata mientras Carla tiembla, esta vez asustada de verdad y sin saber qué pretende David.

—Pero.., entre nosotros, ¿verdad que hace mucho que no folla?


5 comentarios:

  1. Ufff
    Menuda situación, que giro más inesperado.
    Tercera parte pronto por favor

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    1. Muchas gracias por comentar Han. Se agradece de veras. Espero seguir sorprendiendo y prometo escribirla pronto.

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  2. Gracias a ti por crear, por imaginar y por tu tiempo

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  3. Como lector no suelen gustarme las historias por capítulos; como escritor, eres buena jodida, dejas la historia en el clímax, en ese giro, dejando al lector con ganas de leer el siguiente episodio. Enhorabuena.

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