Querido Diablo,
He
decidido cumplir tu petición en la ducha. Me apetecía y tenía ganas. Y además
me encanta imaginarte mirándome, dándome indicaciones o simplemente
observándome en silencio con esos ojos intensos recorriendo mi cuerpo como
brasas ardientes. Y leyendo en ellos tus deseos.
Me
desnudo despacio y enciendo el agua esperando a que se caliente. Me miro en el
espejo y la imagen que me devuelve es definitivamente sexy. Los pezones llevan
ya un rato duros, como te gustan, justo desde el momento en que he decidido
seguir tus órdenes.
Entro
en la ducha, el agua arde pero la soporto, mi piel se torna sonrosada. Sonrío,
sé que te gusta ese color. Dejo que mi cuerpo se empape lentamente, bailando
bajo en chorro de agua y frente a tus ojos invisibles. Obsérvame. No dejes de
hacerlo ni por un segundo. Me agacho a coger la botella del gel, de manera
endemoniadamente lenta y vierto una dosis del mismo en mi mano. Jugueteo con
ella en la palma con los dedos, sonriendo maliciosa y comienzo a extenderla por
mi cuerpo. Lo hago despacio, siendo consciente de cada roce y cada caricia
sobre mi piel recorrida ya por unas manos que no son las mías. Froto suavemente
algunas zonas y con más ahínco en otras pero evito deliberadamente las más
erógenas. Me enjabono la cabeza y recojo el pelo en un moño mientras procedo a
dedicarme otros mimos. Más íntimos. Comienzo por los pechos. Ya los había
lavado, pero no les he prestado la atención que merecen. Los acaricio con ambas
manos, sopesándolos, estrujándolos y rodando los (aún) duros pezones en las
palmas de mis manos. Me imaginas, ¿verdad?. Visualízame. Los pellizco para ti.
Si llegara, los lamería y chuparía, pero yo no puedo. Después me acuclillo, tomo
otra porción de gel y lo extiendo por mi sexo. Froto sin adentrarme mucho. Aprovecho
para pasar la cuchilla por algunas zonas dejando la piel lisa y te dejo mirar
cómo queda. Y a mí me encanta pasar los dedos por la suave piel después de
eliminar ese molesto vello. Pero mi sexo me hace saber que le gustan esas
atenciones y me pide que siga. Me acaricio levemente y dirijo el chorro de la
ducha hacia él. El primer contacto me sobresalta y emito un gemido casi
inaudible. Redirijo bien el agua y dejo que produzca su efecto. Separo ligeramente
los labios para un contacto más intenso, pero debo retirar la mano porque de
esa manera no sabré frenarme. Continúo, dejando que la excitación vaya en
aumento. Imaginarte observándome solo hace que sea peor. Sonríes y te muerdes
el labio. Y te imagino duro. Apenas logro parar antes de que no haya vuelta
atrás. Pero lo hago. Lo rozo. Noto el calor comenzar a subir, la tensión
invadir mis músculos, la piernas comenzar a temblar…, pero me detengo. Respiro
hondo, contrariada pues quiero ese orgasmo, pero aguanto las ganas. Lentamente me incorporo,
jadeando aún y salgo de la ducha. Comienzo a secarme con la toalla. Cuando alcanzo
mi sexo, no puedo evitar acariciarlo con los dedos. Está empapado. No puedo
reprimir frotarlo un poco, , ufff. "Quiero seguir” , pido implorante y tu
yo intangible niega con la cabeza. Hundo esos dedos en mi sexo, retándote. Me
fulminas con la mirada. Hago un esfuerzo inhumano para parar y calmarme. Los
saco y gimo contrariada. Lo quiero con todas mis fuerzas, tú sabes cuánto lo
deseo y que no tengo ninguna costumbre de negarme orgasmos. Pero lo he hecho,
he rozado la puerta de los cielos y he parado justo ahí. Espero que estés
orgulloso de mí, querido Diablo, porque así lo exigiste y así he obedecido. Y
créeme, me ha dejado en un estado de excitación que no mejora al escribirte
estas líneas. Ni por asomo.
Espero
haberme ganado que me visites esta noche.
Sublime
ResponderEliminarSiempre tan maravillosa korai me encantassss soy May
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