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jueves, 27 de mayo de 2021

En la ducha

 Querido Diablo,

He decidido cumplir tu petición en la ducha. Me apetecía y tenía ganas. Y además me encanta imaginarte mirándome, dándome indicaciones o simplemente observándome en silencio con esos ojos intensos recorriendo mi cuerpo como brasas ardientes. Y leyendo en ellos tus deseos.

Me desnudo despacio y enciendo el agua esperando a que se caliente. Me miro en el espejo y la imagen que me devuelve es definitivamente sexy. Los pezones llevan ya un rato duros, como te gustan, justo desde el momento en que he decidido seguir tus órdenes.

Entro en la ducha, el agua arde pero la soporto, mi piel se torna sonrosada. Sonrío, sé que te gusta ese color. Dejo que mi cuerpo se empape lentamente, bailando bajo en chorro de agua y frente a tus ojos invisibles. Obsérvame. No dejes de hacerlo ni por un segundo. Me agacho a coger la botella del gel, de manera endemoniadamente lenta y vierto una dosis del mismo en mi mano. Jugueteo con ella en la palma con los dedos, sonriendo maliciosa y comienzo a extenderla por mi cuerpo. Lo hago despacio, siendo consciente de cada roce y cada caricia sobre mi piel recorrida ya por unas manos que no son las mías. Froto suavemente algunas zonas y con más ahínco en otras pero evito deliberadamente las más erógenas. Me enjabono la cabeza y recojo el pelo en un moño mientras procedo a dedicarme otros mimos. Más íntimos. Comienzo por los pechos. Ya los había lavado, pero no les he prestado la atención que merecen. Los acaricio con ambas manos, sopesándolos, estrujándolos y rodando los (aún) duros pezones en las palmas de mis manos. Me imaginas, ¿verdad?. Visualízame. Los pellizco para ti. Si llegara, los lamería y chuparía, pero yo no puedo. Después me acuclillo, tomo otra porción de gel y lo extiendo por mi sexo. Froto sin adentrarme mucho. Aprovecho para pasar la cuchilla por algunas zonas dejando la piel lisa y te dejo mirar cómo queda. Y a mí me encanta pasar los dedos por la suave piel después de eliminar ese molesto vello. Pero mi sexo me hace saber que le gustan esas atenciones y me pide que siga. Me acaricio levemente y dirijo el chorro de la ducha hacia él. El primer contacto me sobresalta y emito un gemido casi inaudible. Redirijo bien el agua y dejo que produzca su efecto. Separo ligeramente los labios para un contacto más intenso, pero debo retirar la mano porque de esa manera no sabré frenarme. Continúo, dejando que la excitación vaya en aumento. Imaginarte observándome solo hace que sea peor. Sonríes y te muerdes el labio. Y te imagino duro. Apenas logro parar antes de que no haya vuelta atrás. Pero lo hago. Lo rozo. Noto el calor comenzar a subir, la tensión invadir mis músculos, la piernas comenzar a temblar…, pero me detengo. Respiro hondo, contrariada pues quiero ese orgasmo, pero  aguanto las ganas. Lentamente me incorporo, jadeando aún y salgo de la ducha. Comienzo a secarme con la toalla. Cuando alcanzo mi sexo, no puedo evitar acariciarlo con los dedos. Está empapado. No puedo reprimir frotarlo un poco, , ufff. "Quiero seguir” , pido implorante y tu yo intangible niega con la cabeza. Hundo esos dedos en mi sexo, retándote. Me fulminas con la mirada. Hago un esfuerzo inhumano para parar y calmarme. Los saco y gimo contrariada. Lo quiero con todas mis fuerzas, tú sabes cuánto lo deseo y que no tengo ninguna costumbre de negarme orgasmos. Pero lo he hecho, he rozado la puerta de los cielos y he parado justo ahí. Espero que estés orgulloso de mí, querido Diablo, porque así lo exigiste y así he obedecido. Y créeme, me ha dejado en un estado de excitación que no mejora al escribirte estas líneas. Ni por asomo.

Espero haberme ganado que me visites esta noche.


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