Otra vez, como cada martes.
—Bájatelo un poco—ordena.
Obediente, desnudo mi piel, exponiéndome, dándole acceso a
mi húmeda cavidad, disponible aunque no dispuesta. Nunca lo está, pero no
parece importar. Si más preparación, la invade, se recrea en su interior y yo
noto las lágrimas subir a los ojos. Profundiza un poco y un amago de arcada se
inicia en mi garganta. Interrumpe sus movimientos.
—Quieta, te puedo hacer daño.
Trato de contenerme y continúa hasta que logra su objetivo.
Me tiende un caja de pañuelos.
—Tendrás los resultados en 24 horas.
Dichosa PCR…
No hay comentarios:
Publicar un comentario