No soy yo
Mil pensamientos se agolpan en mi cabeza
y mentalmente repaso las instrucciones.
“Entras en el coche, me comes y te vas.
No puedes hablar. No puedes besarme. Recuerda: no soy yo.”
“No soy yo”. Esa corta frase no para(deja)
de pasar(desfilar) delante de mis ojos, aparece escrita entre las líneas de los
documentos que reviso, y no deja que me concentre en nada. Me revuelvo en la
silla y miro el móvil. Aún es pronto, quedan casi tres horas.
Sus últimas palabras han sido:
“Olvídate del hombre que conoces hasta
que no estés de vuelta en casa... porque quizá no sea yo el que esté en el
coche... ¿Qué harás si (así) fuera así? No contestes... solo ve a tu cita y
piensa qué vas a ser: ¿cazadora o presa?”.
Eso es lo que no me quito de la cabeza. ¿Y
si de verdad no es él el que está en el coche? ¿Seré capaz de…? No, no sería
capaz. ¿O sí?
Es otro reto, otro límite que desafiar. Otro
más que superar.
“ Yo solo te doy lo que deseas, Elena.
No lo sabes pero lo deseas.”
Pero ¿deseo entrar en el coche de un
desconocido y comerle la polla? Aunque sea él, ya que debo imaginar que no lo
será. ¿Y si es otro?
¿Y SI ES OTRO?.
Pero lo haré, iré a la cita y tengo
claro que seré cazadora. No soy presa, ni nunca lo seré.
Y voy a sorprenderle.
Yo, tampoco seré yo…
El aparcamiento está bastante vacío e
identifico rápido su coche situado en un lugar apartado y bastante oscuro.
Estaciono el mío al lado. Me miro en el retrovisor, sonrío y salgo. La peluca
pelirroja pica un poco pero me da el valor adicional que necesito; ya no soy Elena,
soy el personaje de una aventura: una espía o una puta, me da igual mientras no
sea yo.
Entro en el coche por la parte de atrás.
Ahí está. ¿Es él? No le identifico porque hay muy poca luz, distingo un hombre
con traje y me despista el olor: no es su colonia. No se mueve, sus brazos
reposan sobre el respaldo y apoya su espalda en la ventanilla con su cuerpo orientado
hacia mí, en apariencia relajado pero una caricia sobre su rodilla transmite
tensión. Está expectante.
Me siento a su lado, no puedo besarle y
no lo intento. Comienzo a acariciar sus piernas con ambas manos en dirección
ascendente, masajeando sus (muslos) piernas hasta llegar al cinturón evitando
deliberadamente rozar otras zonas. Desabrocho todo lo que me impide llegar a su
sexo y lo libero. Palpita caliente bajo la palma de mi mano. Deja escapar un
leve bufido cuando lo agarro. El tacto es
familiar y me sonrío. Confiada deslizo despacio hasta colocarme arrodillada
entre sus piernas, no he dejado de acariciarle y la dureza que rodean mis dedos
se ha vuelto más anhelante. No necesito ver bien para saber qué hacer; el
instinto, las ganas y el deseo son mis mejores guías.
Me excita ponerle así, siempre lo hace,
pero por una vez mi placer no va primero. Sujeto la base de su polla entre mis
dedos y deslizo muy suavemente los labios abiertos por la fina piel dejando
escapar aire caliente de mi boca, provocándole sed de lo que está por venir. En
la siguiente pasada la punta de mi lengua se encarga de potenciar ese efecto
culebreando húmeda por toda su extensión hasta llegar al glande que saboreo
golosa. Adoro esa expresión salada de su deseo que brota de forma inconsciente.
No ha dicho palabra, pero la tensión de sus
músculos, los movimientos involuntarios de su pelvis y los resoplidos al compás
de mis acciones me indican que voy muy bien. Sé que le cuesta evitar gemir y
que trata de mantenerse en el papel y eso me divierte a la vez que me excita. “Veamos
si lo logras ahora”, pienso engulléndole por completo, lamiendo la base de su
polla y lo que alcanzo de sus testículos mientras mi garganta se acomoda a él.
Le agarro fuerte del culo para introducirle más evitando las arcadas como puedo,
mientras él ahoga un gemido ronco.
Comienzo a moverme más rápido acelerando
su respiración, su placer…, y el mío, porque siento que un intenso calor sube
por mi cuerpo provocando el inicio de los adorados espasmos. Me obligan a
pausar movimientos un segundo y ahogo mi orgasmo sobre su polla para continuar
de inmediato con más profundidad. La recompensa está cerca y lo noto. Refuerzo succiones
y lametones y siento como su cuerpo comienza a temblar. “Objetivo alcanzado”,
pienso triunfante. Se corre en un profundo y ronco orgasmo que alojo en mi boca
por completo, saboreándolo sin dejarle escapar.
Respira aceleradamente tratando de
recuperarse y yo sonrío lamiendo su miembro suavemente cuando una voz me
sorprende:
—Muy bien, Elena. Ahora vete – me ordena.
Escucho un sonido y de reojo veo otra
sombra observando desde el asiento del copiloto. No sé cuánto tiempo lleva ahí ni
quién de los dos ha hablado.
Confundida y desconcertada, salgo del
coche.
“Cazadora
cazada” pienso mientras me quito la peluca y arranco.
Relato presentado al Concurso I Edición del Concurso de Relatos Eróticos especial Twitter #GanaElConcursoSexAcademy y GANADOR DEL 1er Premio
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