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viernes, 15 de julio de 2022

NO SOY YO


No soy yo

 

Mil pensamientos se agolpan en mi cabeza y mentalmente repaso las instrucciones.

“Entras en el coche, me comes y te vas. No puedes hablar. No puedes besarme. Recuerda: no soy yo.”

“No soy yo”. Esa corta frase no para(deja) de pasar(desfilar) delante de mis ojos, aparece escrita entre las líneas de los documentos que reviso, y no deja que me concentre en nada. Me revuelvo en la silla y miro el móvil. Aún es pronto, quedan casi tres horas.

Sus últimas palabras han sido:

“Olvídate del hombre que conoces hasta que no estés de vuelta en casa... porque quizá no sea yo el que esté en el coche... ¿Qué harás si (así) fuera así? No contestes... solo ve a tu cita y piensa qué vas a ser: ¿cazadora o presa?”.

Eso es lo que no me quito de la cabeza. ¿Y si de verdad no es él el que está en el coche? ¿Seré capaz de…? No, no sería capaz. ¿O sí?

Es otro reto, otro límite que desafiar. Otro más que superar.

“ Yo solo te doy lo que deseas, Elena. No lo sabes pero lo deseas.”

Pero ¿deseo entrar en el coche de un desconocido y comerle la polla? Aunque sea él, ya que debo imaginar que no lo será. ¿Y si es otro?

¿Y SI ES OTRO?.

Pero lo haré, iré a la cita y tengo claro que seré cazadora. No soy presa, ni nunca lo seré.

Y voy a sorprenderle.

Yo, tampoco seré yo…

El aparcamiento está bastante vacío e identifico rápido su coche situado en un lugar apartado y bastante oscuro. Estaciono el mío al lado. Me miro en el retrovisor, sonrío y salgo. La peluca pelirroja pica un poco pero me da el valor adicional que necesito; ya no soy Elena, soy el personaje de una aventura: una espía o una puta, me da igual mientras no sea yo.

Entro en el coche por la parte de atrás. Ahí está. ¿Es él? No le identifico porque hay muy poca luz, distingo un hombre con traje y me despista el olor: no es su colonia. No se mueve, sus brazos reposan sobre el respaldo y apoya su espalda en la ventanilla con su cuerpo orientado hacia mí, en apariencia relajado pero una caricia sobre su rodilla transmite tensión. Está expectante.

Me siento a su lado, no puedo besarle y no lo intento. Comienzo a acariciar sus piernas con ambas manos en dirección ascendente, masajeando sus (muslos) piernas hasta llegar al cinturón evitando deliberadamente rozar otras zonas. Desabrocho todo lo que me impide llegar a su sexo y lo libero. Palpita caliente bajo la palma de mi mano. Deja escapar un leve bufido cuando lo  agarro. El tacto es familiar y me sonrío. Confiada deslizo despacio hasta colocarme arrodillada entre sus piernas, no he dejado de acariciarle y la dureza que rodean mis dedos se ha vuelto más anhelante. No necesito ver bien para saber qué hacer; el instinto, las ganas y el deseo son mis mejores guías.

Me excita ponerle así, siempre lo hace, pero por una vez mi placer no va primero. Sujeto la base de su polla entre mis dedos y deslizo muy suavemente los labios abiertos por la fina piel dejando escapar aire caliente de mi boca, provocándole sed de lo que está por venir. En la siguiente pasada la punta de mi lengua se encarga de potenciar ese efecto culebreando húmeda por toda su extensión hasta llegar al glande que saboreo golosa. Adoro esa expresión salada de su deseo que brota de forma inconsciente.

No ha dicho palabra, pero la tensión de sus músculos, los movimientos involuntarios de su pelvis y los resoplidos al compás de mis acciones me indican que voy muy bien. Sé que le cuesta evitar gemir y que trata de mantenerse en el papel y eso me divierte a la vez que me excita. “Veamos si lo logras ahora”, pienso engulléndole por completo, lamiendo la base de su polla y lo que alcanzo de sus testículos mientras mi garganta se acomoda a él. Le agarro fuerte del culo para introducirle más evitando las arcadas como puedo, mientras él ahoga un gemido ronco.

Comienzo a moverme más rápido acelerando su respiración, su placer…, y el mío, porque siento que un intenso calor sube por mi cuerpo provocando el inicio de los adorados espasmos. Me obligan a pausar movimientos un segundo y ahogo mi orgasmo sobre su polla para continuar de inmediato con más profundidad. La recompensa está cerca y lo noto. Refuerzo succiones y lametones y siento como su cuerpo comienza a temblar. “Objetivo alcanzado”, pienso triunfante. Se corre en un profundo y ronco orgasmo que alojo en mi boca por completo, saboreándolo sin dejarle escapar.

Respira aceleradamente tratando de recuperarse y yo sonrío lamiendo su miembro suavemente cuando una voz me sorprende:

—Muy bien, Elena. Ahora vete – me ordena.

Escucho un sonido y de reojo veo otra sombra observando desde el asiento del copiloto. No sé cuánto tiempo lleva ahí ni quién de los dos ha hablado.

Confundida y desconcertada, salgo del coche.

“Cazadora cazada” pienso mientras me quito la peluca y arranco.



Relato presentado al Concurso I Edición del Concurso de Relatos Eróticos especial Twitter #GanaElConcursoSexAcademy y GANADOR DEL 1er Premio

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Ligeramente editado

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