Noa conduce a Coral a su estudio personal. Allí no hay público ni miradas, y no hay voces susurrantes. Solo velas, música y un suave aroma a cera y sándalo. Noa la sitúa en el centro de la sala sobre una esterilla parecida a la que usó antes.
Se miran a los ojos, no hablan. Noa da algunas vueltas caminando alrededor de Coral; observándola, conociéndola en silencio. A ella, el corazón le galopa en el pecho.
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