Lucía desapareció entre los árboles y no volvió. Lo que fue un juego se convirtió en angustia y luego en terror. Sus padres recorrieron a gritos el bosque agotando su nombre hasta que la voz se les quebró de agonía y desesperación.
Decenas de vecinos barrieron el bosque por semanas. Después, solo algunos volvían. Finalmente, nadie.
Ellos siguieron buscando.
Y un día encontraron algo. Quizá algo peor que nada.
Entre unos arbustos, oculta por la hojarasca, descansaba su muñeca.
No una de trapo. Tampoco de plástico.
Su muñeca. Su mano y un trozo de brazo, arrancados con precisión quirúrgica. La piel aún tibia. Los dedos pálidos, flojos.
Su madre la soltó entre gritos, presa de un ataque de pánico. Su padre la recogió con una ternura enfermiza, con una negación tan férrea como el horror que quemaba su garganta.
No hablaron de deshacerse de ella.
No hablaron de pedir ayuda.
Esa noche, la dejaron sobre la mesa de la cocina. Fría, inerte.
No hablaron.
En la madrugada, un murmullo los despertó.
—Mamá… Papá…
Era su voz.
Venía de su habitación.
Cuando abrieron la puerta, su hija estaba allí. Sentada en la cama. A oscuras.
Sus manos sobre su regazo. Completas.
Pero su madre se dio cuenta.
El brazo no era suyo. La piel demasiado tersa. Demasiado blanca. Demasiado brillante.
Su padre tragó saliva. Su madre abrió la boca, pero calló.
La niña ladeó la cabeza. Sonrió.
Encendieron la luz.
La vieron.
Lo vieron.
Algo con la cara de su hija. Algo que sonreía.
Algo inacabado, sin terminar de armar.
No preguntaron. No lloraron. No hablaron.
Le hicieron sitio en la mesa, le sirvieron un vaso de leche.
Cuando la niña lo tomó, sus dedos se movieron torpes. No los controlaba.
Se quedó.
Porque el bosque se la había llevado.
Y el bosque se la había devuelto.
Taller Escritura - concurso microrrelato
Relato breve, 300 palabras, con este disparador:
Una niña se pierde en el bosque y sus padres solo encuentran su muñeca, pronto descubren que la muñeca es ahora su hija.
😬
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