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martes, 4 de marzo de 2025

La cabaña flotante

 Dicen que, en lo más profundo de un bosque, hay un claro con una cabaña que no toca la tierra. Sus raices de madera oscura flotan a pocos centímetros del suelo, como si estuviera suspendida en un salto. A simple vista parece inmóvil, pero los más viejos del pueblo aseguran que nunca está exactamente en el mismo lugar dos veces. Que se desplaza a merced de los deseos de su moradora.

A los niños se les advierte que nunca se acerquen, porque allí vive la Bruja Eterna, la que se lleva todo lo malo: las enfermedades, las desgracias, los susurros envidiosos, las lágrimas no derramadas. Dicen que, a cambio, ella no envejece ni muere. Pero nadie sabe si es un castigo o una condena. Porque nadie regresa igual después de verla. Si es que regresan.

Cuando Leor, un joven cazador, encuentra un colgante con forma de lobo colgado de la rama de un árbol muerto, su abuelo palidece al verlo.

—Ese colgante solo lo encuentran los llamados a entrar en la cabaña —susurra el anciano—. Y ninguno ha vivido para contar lo que vio.

Pero Leor no es supersticioso. Algo en el colgante le parece familiar, como si lo hubiera estado esperando. Y en su corazón hay una pregunta que no lo deja dormir: ¿qué sucede cuando entras en la cabaña flotante?

Durante varias noches, sueña con la cabaña, con sus vigas flotando, los susurros de sus ventanas. Y una sombra en el umbral. En sus sueños, una voz lo llama, lo reclama: 

Ven, ven…

Finalmente, no puede más y un día, al despertar, sus pasos lo llevan al bosque.

La cabaña está allí, suspendida en el aire, inmóvil pero extrañamente viva. La niebla se cierra a su alrededor y una figura surge de las sombras.

—Dame el colgante.

Es ella. Alta, envuelta en harapos oscuros, con ojos tristes que brillan como brasas. Su piel, de un tono ceniciento, es lisa como el mármol. 

—Dámelo —repite, extendiendo una mano huesuda hacia el colgante —. Es mío.

Leor da un paso atrás.

—No sé de qué hablas.

—Sí que lo sabes. Has tomado algo que no es tuyo, cazador.

La bruja roza el metal del adorno y, de repente, la cabaña tiembla. De la tierra comienzan a brotar sombras retorcidas con formas pseudohumanas, alargadas y agonizantes. Le rodean los pies, le agarran. 

Leor se prepara para luchar. Pero algo no encaja. La bruja controla esas sombras, ¿por qué entonces parece asustada de ellas? 

La bruja deja escapar un grito y se esconde en la cabaña dando un portazo… y las sombras se esfuman.

Leor regresa al pueblo, pero esa noche, los susurros de la bruja lo despiertan de nuevo. Esta vez están mezclados con otros que no reconoce y que le provocan escalofríos. Son voces superpuestas, frías, deshabitadas.

—Devuélvemelo…

—No se lo des, es nuestro…

Se asoma a la ventana y ve figuras en la niebla. Parecen personas del pueblo. Pero no tienen ojos, ni bocas. Lo observan.

Al día siguiente visita al anciano y le exige respuestas. Siente que no le han contado toda la verdad. 

Y el anciano lo confiesa: La Bruja Eterna no siempre fue una bruja. Fue la curandera del pueblo… hasta que alguien la traicionó.

El anciano del pueblo en aquel entonces, su propio tatarabuelo, fue quien la maldijo.

Hace años, el pueblo necesitaba una solución para sus problemas. Y la encontraron en ella: le arrebataron su humanidad y la convirtieron en el "pozo" donde arrojar sus desgracias.

Cada enfermedad sanada, cada desdicha alejada, cada pecado oculto… pesaban sobre ella.

Al principio, pudo soportarlo. Pero el mal crece. Y con los años, la carga se volvió insostenible.

Ahora, después de tanto tiempo, se está desmoronando.

Si Leor no actúa pronto, la bruja desaparecerá… y todo el mal que ha absorbido volverá al pueblo multiplicado.

Leor siente rabia. El pueblo la teme, pero la necesita. La han tratado como un monstruo, pero en realidad, es su salvadora.

Decide regresar a la cabaña. No para luchar… sino para entender.

Esa noche, Leor vuelve al bosque.

—¿Vienes a devolverme el colgante? —susurra una voz a su espalda, lamiendo su columna como un río de mercurio. 

Y antes de que pueda reaccionar, el suelo tiembla y las sombras lo envuelven.

Leor se libera y corre. La bruja lo persigue con furia y con deleite. Como un depredador jugando con su presa.

Pero mientras forcejean, algo cambia.

Lo derriba contra el suelo, clavándole las uñas en la garganta con la presión exacta entre la amenaza y la provocación.

La bruja jadea, mirándolo a los ojos, satisfecha.

—¿No vas a matarme? —pregunta él, con una sonrisa desafiante.

—Si quisiera, ya estarías muerto. 

Leor la observa… y sonríe.

—Hazlo.

Ella parpadea, sorprendida.

—No me vas a matar.

—¿Qué te hace creer eso?

—Tus ojos.

Ella se aparta, turbada. Por primera vez en siglos, alguien no la teme.

—¿Quién eres? ¿Qué quieres?

— Solo un cazador con preguntas. Solo quiero saber si tú deseabas esta vida—pregunta Leor.

La bruja lo mira sorprendida. Nadie le había preguntado eso jamás.

—No.

Esa noche, Leor no escapa. Se queda. Porque entiende lo que ella es. Lo que ella fue.

Y cuando la bruja le cuenta su historia, su traición, su condena… su odio, él no la compadece. Se enfurece.

—El pueblo no merece tu sacrificio — murmura, con la boca apenas rozando su oído—. Merece tu venganza.

Al amanecer, la cabaña ya no está en el bosque.

Está en medio del pueblo. Un colgante roto cuelga de su puerta.

Los aldeanos despiertan con un grito. Los demonios que entregaron a la bruja han vuelto a ellos. Sus peores secretos se desatan en sus propias almas.

El anciano que vendió a su vecino ve su carne pudrirse con cada mentira que pronuncia.

La mujer que envenenó a su hermana tose sangre negra cada vez que sonríe.

Cada pecado es pagado en carne y hueso.

El pueblo nunca volverá a ser el mismo.

Y la bruja, de pie junto a Leor, ríe con placer puro.

Él la observa. Su reina oscura. Su diosa.

Y la besa como si el mundo estuviera ardiendo.

Porque en cierto modo, lo está.

Desde entonces, los pueblos cuentan historias sobre una cabaña que aparece en la noche.

Donde una mujer de ojos oscuros y un hombre de sonrisa peligrosa ofrecen pactos… a cambio de un precio.

Porque en realidad nunca fueron héroes.

Son algo mucho mejor. O peor.

Son leyendas.







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Tarea del curso de Relato Breve. Las funciones de Propp.
Texto con 4 funciones de Propp (aleatoriamente elegidas): 
Función 3: Transgresión de la prohibición
Función 6: Engaño
Función 20: El regreso
Función 23: Llegada de incógnito

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